Cuando el verano pone a prueba a la pareja: por qué discutimos más (y qué podemos hacer antes de que sea demasiado tarde)

«Pensábamos que las vacaciones nos iban a venir bien.»

Es una frase que escucho con frecuencia en consulta.

Muchas parejas llegan después del verano con la sensación de haber discutido más que en todo el año. Otras lo hacen incluso antes de irse de vacaciones, porque ya anticipan que convivir durante tantos días seguidos puede convertirse en una fuente de tensión.

Y lo cierto es que no les falta razón.

El verano es una época maravillosa para descansar, viajar o disfrutar de la familia, pero también supone un cambio importante en nuestras rutinas. Pasamos más tiempo juntos, desaparecen las distracciones del día a día y aparecen decisiones que antes apenas tenían importancia: cómo organizar las vacaciones, cómo repartir el tiempo con las familias, cuánto gastar, qué hacer con los hijos o, simplemente, cómo convivir durante muchas más horas de las habituales.

Cuando una relación atraviesa un buen momento, todo esto suele vivirse con naturalidad.

Pero cuando existen heridas, resentimientos o dificultades para comunicarse, el verano actúa como una especie de lupa: no crea los problemas, pero sí los hace mucho más visibles.

El problema no es el verano

Muchas personas llegan convencidas de que «las vacaciones nos sientan fatal». Sin embargo, pocas veces es realmente así.

Lo habitual es que durante el resto del año el trabajo, las obligaciones y el ritmo diario mantengan a la pareja funcionando casi en piloto automático. Apenas queda tiempo para hablar, para compartir o incluso para discutir.

Cuando ese ritmo desaparece, los problemas que llevaban meses (o años) escondidos encuentran por fin un espacio para salir.

Entonces aparecen discusiones por cosas aparentemente pequeñas:

  • Quién conduce.
  • Quién organiza el viaje.
  • Quién está pendiente de los niños.
  • Quién llama más a una familia que a la otra.
  • Quién carga siempre con las responsabilidades.

 

Y detrás de todas esas discusiones suele esconderse algo mucho más profundo: la sensación de no sentirse comprendido, valorado o acompañado por la otra persona.

Cuando hablar termina convirtiéndose en discutir

Muchas parejas llegan a un punto en el que cualquier conversación acaba mal.

Da igual cuál sea el tema.

Parece que todo se interpreta como una crítica, un reproche o un ataque.

Con el tiempo, algunas personas dejan incluso de intentar explicar cómo se sienten porque piensan que «total, no servirá de nada».

Y ahí comienza uno de los mayores riesgos para una relación: el silencio.

Porque una pareja que deja de discutir no siempre está mejor. A veces simplemente ha dejado de comunicarse.

La sexualidad también habla de cómo está la relación

Existe un aspecto que muchas parejas tardan en mencionar porque genera vergüenza, culpa o miedo a ser juzgadas: la vida sexual.

Durante las épocas de tensión es completamente habitual que disminuya el deseo, que las relaciones sexuales sean menos frecuentes o incluso desaparezcan durante un tiempo.

Ocurre porque la sexualidad no vive aislada del resto de la relación.

Cuando existe enfado, distancia emocional, resentimiento o sensación de no sentirse querido, el deseo suele verse afectado.

En otras ocasiones sucede justo lo contrario: uno de los miembros de la pareja mantiene el deseo mientras el otro lo pierde, lo que puede generar frustración, inseguridad e interpretaciones equivocadas («ya no le gusto», «seguro que hay otra persona», «ha dejado de quererme«).

Hablar de sexualidad en terapia no consiste únicamente en hablar de sexo.

Consiste en comprender qué está ocurriendo entre dos personas que, en muchos casos, siguen queriéndose pero han perdido la capacidad de encontrarse también en la intimidad.

Recuperar una vida sexual satisfactoria rara vez pasa por aprender técnicas o seguir consejos rápidos.

Lo más importante es reconstruir primero la conexión emocional, la confianza y la capacidad de sentirse seguros el uno con el otro.

Esperar a que pase solo no suele funcionar

Es normal pensar que cuando termine el verano todo volverá a ser como antes.

En ocasiones ocurre.

Pero muchas veces la vuelta a la rutina solo consigue aplazar un problema que reaparecerá en las siguientes vacaciones, en Navidad o ante cualquier situación de estrés.

Cada discusión que no se resuelve deja un pequeño desgaste.

Cada decepción que no se expresa va creando distancia.

Y poco a poco la pareja deja de sentirse un lugar seguro.

Consulta psicología

Pedir ayuda no significa que la relación haya fracasado

Todavía existe la idea de que acudir a terapia de pareja es el último paso antes de una separación.

Mi experiencia me dice precisamente lo contrario.

Las parejas que suelen obtener mejores resultados son aquellas que deciden pedir ayuda cuando todavía existe el deseo de entenderse, aunque ya no sepan cómo hacerlo.

La terapia no consiste en decidir quién tiene razón. No se trata de buscar un culpable.

Se trata de comprender qué está ocurriendo entre ambos, identificar los patrones que alimentan el conflicto y aprender formas diferentes de comunicarse, gestionar las emociones y volver a sentirse un equipo.

Cada pareja necesita un camino diferente

No existen soluciones universales.

Cada pareja llega con una historia distinta, unas heridas diferentes y unas fortalezas que también conviene descubrir.

A lo largo de mi trayectoria profesional he acompañado a numerosas parejas en momentos especialmente delicados: conflictos constantes, problemas de comunicación, dificultades relacionadas con la crianza, procesos de separación, infidelidades, pérdida de la intimidad o crisis que aparecían precisamente durante las vacaciones.

Mi forma de trabajar parte siempre de la misma idea: crear un espacio donde ambos puedan sentirse escuchados sin miedo a ser juzgados.

Muchas veces ese espacio es el primero, en mucho tiempo, en el que ambos consiguen hablar de verdad.

Quizá este verano sea un punto de inflexión

Si sientes que vuestra relación lleva tiempo desgastándose, que las discusiones son cada vez más frecuentes, que habéis dejado de disfrutar juntos o que incluso la intimidad ha pasado a un segundo plano, quizá no sea cuestión de esperar a que el tiempo lo arregle.

Pedir ayuda no significa rendirse.

Significa apostar por la relación antes de que el desgaste sea demasiado grande.

En mi consulta de Psicología en Palencia acompaño a parejas que desean comprender qué les está ocurriendo y recuperar una forma de relacionarse más sana, más tranquila y más satisfactoria. También realizo sesiones online para quienes prefieren esta modalidad o viven fuera de Palencia.

A veces basta con empezar una conversación diferente para que la historia de una pareja también empiece a cambiar.

 

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